" Si el arte es percibido de una manera estrictamente estética, no es percibido de una manera estéticamente correcta " Teoría de la Estética - Theodor W. Adorno
Principios del 2006
Caminaba por Buenos Aires cuando los vi por primera vez, ya hace algunos años. Estaba con Sebastián, gran viajero y amigo, amante del asado de tira, del buen vino y de varias mujeres.
El "gordo" me explicó brevemente que lo que yo veia como graffiti era mucho más que eso. Me habló de movimientos urbanos, de formas de expresión callejera, de tendencias, de moda. O de todo eso al mismo tiempo.
Las sociedades transpiran a través de sus calles y el stencil suda bien.
Suda porteño. Suda irónico. Crítico. Humorístico. Combina arte callejero y cínica reflexión.
Volviendo a Bruselas me crucé en el aeropuerto de Sao Pablo con el Dr. Augusto Plot, eminente pensador de Temperley, que vaya a saber uno las razones, me impide dar su verdadero nombre.
El Dr. Augusto Plot escribió el texto que acompaña los stencils, donde despliega un estudio antropológico de los mismos, explica con claridad la historia y hasta logra entrevista con algunos de los creadores.
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El Stencil invade las calles de Buenos Aires
Por el Dr. Augusto Plot
Se lo puede encontrar en una pared carcomida del viejo barrio de San Telmo o en una columna de cemento de una de las autopistas que salen de Buenos Aires. También en la zona de la plaza de Mayo, el corazón político de Argentina, o en Corrientes, la avenida que nunca duerme y es famosa por sus teatros, cines y cafés. Nos muestra a Bush saliendo de un inodoro, a un militar de la última dictadura argentina que aún no recibió castigo por sus crímenes, o simplemente una imagen que provoca risa y al mismo tiempo motiva la reflexión. Es el stencil, una variante "industrial" del graffiti que recurre a cartones, radiografías recortadas y aerosol, y es utilizado por artistas urbanos para bombardear en silencio la ciudad con mensajes que combinan contenido socio-político, imaginación e ironía.
Según los historiadores, su origen es prehistórico y se remonta a las cuevas paleolíticas. También se lo vincula con los jeroglíficos hallados en las tumbas de los faraones egipcios. Pero fueron los fascistas italianos de la década del 40 y el Mayo Francés del 68 quienes lo pusieron en la calle y lo convirtieron en instrumento de propaganda política. Desde entonces, el stencil ha estado presente en la mayoría de las grandes ciudades del mundo, aunque en algunas, como Buenos Aires, este arte urbano ha experimentado una verdadera explosión en los últimos años. En el caso argentino, fue la debacle económica de fines de 2001 la que marcó un punto de inflexión. Después de ese descenso a los infiernos (atenuado últimamente por una cierta recuperación), grupos como Burzaco Stencil, Run Don't Walk o BsAs Stencil se lanzaron a la conquista del espacio público para difundir sus ideas, ya sea de lucha contra el imperialismo o el consumo, de defensa de los derechos humanos o de apoyo a la tolerancia y las libertades civiles.
"El boom del stencil se produce en 2001, a raíz de los inconformismos políticos y sociales que llevan a la gente a querer manifestarse de alguna manera", dicen en una entrevista Feder y Valen, de Burzaco Stencil, que debe su nombre a la localidad del sur del Gran Buenos Aires donde viven. "En Buenos Aires es uno de los lugares donde más se vio el stencil como un medio para comunicar diferentes ideas, para lo cual es francamente efectivo, ya que está en contacto directo con los transeúntes", agregan estos chicos. "El detonante fue la misma calle, ya que se percibía el crecimiento del espacio público tomado por asalto y en particular el stencil como medio de intervención", señalan de su lado los BsAs Stencil, al referirse al fenómeno. En todo caso, el crecimiento de esta forma de arte se vio fomentado "principalmente por la participación de los medios de comunicación que vieron en él algo nuevo y virgen", como explican Feder y Valen.
Con o sin el impulso de los medios, lo cierto es que el stencil logró rápidamente imponerse como uno de los instrumentos de la juventud para manifestar su resistencia, denuncia y memoria en una sociedad en plena crisis económica y que todavía no cerró las heridas de una dictadura militar que entre 1976 y 1983 dejó unos 30.000 desaparecidos y una traumática guerra perdida en las islas Malvinas. Un ejemplo de este papel se pudo ver al cumplirse el 30 aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, recordado en todo el país con marchas multitudinarias, actos y homenajes a las víctimas. Como parte de esta movida, la ciudad de Buenos Aires apareció inundada de stencils denunciando la impunidad de la que aún gozan la mayor parte de los militares que cometieron crímenes de lesa humanidad durante aquellos años negros.
Pero además de luchar contra el olvido en un país con una asombrosa facilidad para dejar atrás hechos trágicos de su pasado, el stencil ataca, como quedo dicho, otra cuestiones, y busca despertar el espíritu crítico del ciudadano común. Si bien no existe una línea política clara ("el stencil tiene ese sabor especial que se basa en que es libre de cualquier ideología", dicen Feder y Valen), algunas ideas son recurrentes, como, por ejemplo, la cruzada contra George W. Bush. Eje de una campaña stencil durante una visita que realizó a la Argentina el año pasado, el presidente norteamericano es quizás el personaje de la obra más famosa del género: la que muestra su cara con las orejas del ratón Mickey y la frase "Disney War". El impacto de ese stencil marcó una época, como lo recuerda Feder: "Nosotros empezamos a fines de 2002, principios de 2003. Resulta que Valentina estaba trabajando en microcentro cuando vio en el piso el famoso stencil de Bush. Así que instigó a Federico a involucrarse en esta nueva y vandálica técnica", cuenta en tercera persona.
Si los tiempos y la temática cambian, Bush sigue siendo uno de los blancos favoritos. Este verano se lo podía ver en las paredes de la ciudad saliendo de un inodoro y con la leyenda "Bush de bottom" sobre su cabeza. Una buena recopilación de lo que ha producido en este arte en los últimos años aparece en el libro "Hasta la victoria, Stencil!", publicado en 2004 por La Marca Editora. En ese libro, Kalil Llamazares sostiene que el stencil "se apodera de una herramienta marginal, subversiva, casi siempre política, y la convierte en el vehículo gráfico de cierta perspicacia e inteligencia típica de la clase media porteña". Abierto a todas las corrientes, el stencil es instrumento en general de jóvenes con una cierta cultura universal vinculada con el rock, el punk, el arte pop, etc. "Nosotros nos vemos influenciados por las cosas que hacen más placenteras nuestras vidas, como películas, bandas, estéticas de los 50's, el arte en serie. La ideología puede ser la que cualquiera quiera aplicarle", afirman en ese sentido los Burzaco Stencil.
Legalidad y anonimato
Arte callejero o urbano para algunos, vandalismo para otros (en particular la policía y el gobierno), el stencil exige ante todo anonimato. Por eso los artistas argentino y sus colegas internacionales eligen pseudónimos como "NN", "Roux", "Feder" o "Valen" a la hora de presentarse en público, incluso en sus muy elaboradas y completas páginas internet.
El alcance de la lucha en algunos países entre las autoridades y estos grupos quedó graficada con claridad en enero de este año, cuando el primer ministro Tony Blair lanzó una dura campaña para borrar a los graffitis y los stencils de las paredes de Gran Bretaña. Su decisión provocó la reacción aireada de muchos sectores, y el provocativo artista urbano británico Banksy publicó una columna en el diario Evening Standart asegurando que ese objetivo no sólo era "imposible" de alcanzar, sino también "un desastre cultural". "Incluso si se hace que el graffiti sea más difícil de ejecutar, se llega a la situación que existe actualmente en Nueva York. Una policía más dura ha tenido simplemente como resultado que el graffiti sea efectuado con mayor rapidez", afirma Banksy, mundialmente reconocido por imágenes como la de la reina Isabel con portaligas en plena escena lésbica, y dueño de un sitio internet (www.banksy.co.uk) en el que incluso se permite aconsejar a quienes se quieren lanzar a las calles aerosol en mano.
Pero si el anonimato es de rigor, no sólo se debe a una cuestión legal. También existe una razón ideológica, explicada por Bansky: "La época de buscar la fama para tu nombre está terminada. El trabajo artístico que sólo busca la fama nunca te hará famoso. Cualquier tipo de fama es un producto de hacer algo que tenga un significado", dice. ¿Cómo hacer entonces para que los stencils alcancen notoriedad? "Colocando un montón de pequeños stencils juntos", responde. "Nuestro aporte vale considerarlo nulo si no se tiene en cuenta el resto de los trabajos. La cantidad de gente expresándose es, a nuestro entender, el verdadero fenómeno, es nuestra fuerza", coinciden de su lado los miembros de BsAs Stencil.
Sin embargo, y en medio de esta tensión entre legalidad y marginalidad, la mayoría de los artistas stencil trabajan o han trabajado con las autoridades en exposiciones, encuentros y conferencias. Muchos de ellos incluso comercializan sus obras, mediante la venta de remeras con serigrafías de sus stencils más logrados. Sin embargo, para los artistas esto no significa una "aceptación" de parte del "sistema". Como Feder y Valen dicen, "el stencil sigue viéndose, por más que esté dentro de una galería de arte, como un acto vandálico". "Si en algún momento el museo tal o el centro cultural tal ofrecen a los stencilistas una pared dentro de su espacio es simplemente por el hecho de que existe, lo ves todo el tiempo y es arte, es vanguardia ", justifican.
Su explicación, hay que admitirlo, no sorprende. Buenos Aires, filosóficamente situada entre Europa y Estados Unidos, o, más aún, entre París y Nueva York, es una ciudad que siempre se ha jactado de estar en el centro de las tendencias vanguardistas.